lunes, 10 de octubre de 2016

EL CICLO EVOLUTIVO FAMILIAR: CRISIS EVOLUTIVAS

CAPITUOLO II

EL CICLO EVOLUTIVO FAMILIAR: CRISIS EVOLUTIVAS

Mark Beyebach y Alberto Rodríguez- Morejón



INTRODUCCION

Aunque el concepto de ciclo vital familiar ha estado presente en la literatura psicológica y sobre todo sociológica durante varias décadas (Duvall, 1957; Hill, 1960), lo cierto es que a partir de los años 70 y 80 se ha convertido en uno de los grandes temas en el campo de la terapia familiar. A partir de esos momentos, el análisis de los grupos ha ocupado un papel cada vez más importante tanto en la teorización e investigación de la familia.

En este trabajo haremos una breve revisión de las aportaciones más destacadas que se han ido produciendo en el tema de ciclo vital familiar, poniendo el acento ante todo en sus implicaciones clínicas. Comenzaremos analizando el propio concepto de ciclo vital familiar, y pasaremos después a comprobar las diferencias y similitudes entre los diversos autores que proponen un esquema de etapas o de crisis evolutivas en el desarrollo de la familia normal.

EL CONCEPTO DE CICLO VITAL FAMILIAR

En este sentido cabe afirmar que la perspectiva del ciclo evolutivo ha permitido reintroducir en el terreno de la terapia familiar sistémica, cegada por la metáfora homeostática (Dell,1982) la dimensión diacrónica, histórica, de los sistemas. Además, ha llevado ampliar el campo de análisis, habitualmente limitado al corto espacio de tiempo que una familia está en tratamiento, hasta incluir el devenir de las familias a lo largo de varias generaciones.

La otra premisa fundamental a la hora de adoptar la perspectiva del ciclo vital es que el ciclo de desarrollo familiar es algo diferente que la mera suma o yuxtaposición de las biografías individuales de los miembros de las familias (Carter y McGoldrick, 1989). No es el individuo el que con la familia al fondo va atravesando una serie de etapas en el trascurso del tiempo, sino la familia como tal la que evoluciona (Friedman, 19899).

Esta consideración holística de la familia y de su recorrido evolutivo no supone, sin embargo, negar la complejidad inherente a la multiplicidad de individuos diferentes que la integran.

El punto de vista holístico si pretende, en cambio, subrayar la dimensión relacional en el proceso evolutivo, así como las conexiones entre personas distintas y también entre generaciones. En este sentido de conexión, de continuidad, es a nuestro juicio una de las principales aportaciones de la perspectiva del ciclo vital. La relevancia clínica del ciclo vital familiar se encontraría justificada en base a): todas o casi todas las familias atraviesan estas crisis evolutivas o al menos una de ellas; b) a que este aspecto evolutivo se muestra como un factor importante en muchos casos clínicos; y c) a que, aunque los aspectos relacionados con las transiciones evolutivas no jueguen originalmente un papel relevante, es inevitable que interactúen con el problema (Barnhill y Long, 1978).

LAS ETAPAS DEL CICLO VITAL DE LA FAMILIA TRADICIONAL

Estas clasificaciones se diferencian en cuanto al tipo de criterios utilizados para marcar las diversas fases: entradas y salidas de miembros del sistema familiar; cambios biopsicosociales de los integrantes de la familia; cambios socio labórales. En consecuencia, se aprecia una cierta diversidad entre las distintas clasificaciones, variando el número y la duración de las fases que cada una de ellas propone.
En cualquier caso, todos estos autores comparten la idea de que las etapas son cualitativamente diferentes entre sí, dándose constelaciones y relaciones en cada una de ellas.
Un corolario de esta afirmación es que el paso de una fase a otra supone algo más que un cambio cuantitativo, que un reajuste menor de la familia ante condiciones modificadas: se entiende que desplazarse a una nueva etapa exige siempre una verdadera trasformación del sistema familiar (Hoffman, en Carter y McGoldrick, 1989). Desde este punto de vista, pasar de una etapa a la siguiente en el ciclo evolutivo ofrece tanto oportunidades como peligros (Pittman,1990), y constituye un momento privilegiado para la intervención terapéutica.
Otra forma de describir la discontinuidad de estos cambios es en términos de las trasformaciones que sufre la definición de la relación entre los miembros del sistema considerado (Navarro Góngora, 1922). Desde este punto de vista, las diferentes etapas no exigen únicamente cambios instrumentales, la creación de nuevos repertorios de habilidades de comunicación, de resolución de problemas, de crianzas o el manejo de procesos emocionales potencialmente difíciles, sino que implican también un replanteamiento del contrato relacional básico (y en especial, de las pautas de distancia e intimidad).
Hay que recordar de todos modos que el hablar de procesos supraindividuales no debe llevar a ignorar las variaciones individuales: la mujer por ejemplo puede encontrarse ya en la etapa de nido vacío, mientras que su marido no ha pasado aun a esa etapa; un hijo no puede haberse independizado mientras que su hermano mayor, que padece una deficiencia congénita, se encuentra aún en una etapa previa de escolarización. En otras palabras, las fases al menos las que se postulan en las calificaciones al uso se solapan entre sí, y rara vez se dan en estado puro.

CAMBIOS EN EL CICLO VITAL FAMILIAR

Señalábamos más arriba que la noción del ciclo evolutivo familiar con lleva la idea de una cierta estabilidad y previsibilidad en la secuencia evolutiva de las familias. Sin embargo, la propia configuración del ciclo vital familiar, o al menos la de la forma de entenderlo, ha sufrido con siderales modificaciones a lo largo de la historia.
Por ejemplo, cabe considerar que la noción de infancia es una creación del siglo XVIII, y la de adolescencia, del siglo XIX. Planteamos por tanto que los cambios que la familia está sufriendo en las naciones industrializadas no son un fenómeno nuevo, producto solamente de las especiales características de nuestra época. Más bien al contrario: han sido siempre fluctuantes y cambiantes. Son solamente la falta de memoria histórica, la cortedad de miras o el prejuicio ideológico los que nos llevan a pensar en una identidad natural y estable.
Por lo que se refiere al primer tipo de cambios, han afectado a casi todas las etapas del ciclo vital. Como comentábamos más arriba, las mujeres tienen mayor acceso a la etapa de adulto joven emancipado, aunque en algunas sociedades la dificultad para la independencia económica ha pospuesto el inicio de esta etapa, la revisión del papel de las mujeres ha venido unida, además, a una mayor abundancia de matrimonios sin hijos. La disminución en el número de hijos supone que la etapa con hijos pequeños se haya acortado, aunque paralelamente la necesidad de que la pareja negocie como compatibilizar el trabajo afuera y dentro de la casa haya convertido esta etapa en una fase con alto riesgo de divorcio.
La fase en que la familia tiene hijos adolescentes se alarga cuando, la coyuntura socioeconómica dificulta una efectiva independencia del joven adulto, obligándole en buena medida a permanecer en el hogar paterno más allá de lo que antes era la norma.
El segundo tipo de cambio en el discurrir de la vida familiar tiene que ver con la incidencia cada vez mayor de los ciclos vitales alternativos: el ciclo del divorcio (Stern y Manocherian, 1989 Herz 1989), las familias reconstituidas, las parejas homosexuales, las familias monoparentales, las parejas que deciden no tener descendencia. De hecho, es cada vez menor el porcentaje de familias que se ajustan a lo que en los años 50 y 60 era el prototipo de familia en las sociedades industrializadas.
Finalmente, recordar que variables como la raza o la religión, y fenómenos como la emigración o la pobreza originan también considerables variaciones en el ciclo vital familiar. Unidas estas fuentes de variabilidad a todos los cambios que acabamos de enumerar, parece evidente que en la actualidad es difícil hablar de un ciclo vital familiar y que, por el contrario, coexisten en nuestra sociedad una multiplicidad de ciclos de desarrollo familiar. ¿cuáles son las implicaciones que tiene este análisis? A nuestro juicio son varias:
a)    Desde el punto de vista de las propias familias, puede producirse un cierto conflicto entre las expectativas culturales socialmente trasmitidas y la realidad del ciclo vital familiar. La mujer educada para casarse de blanco y tener hijos o el varón que sigue el modelo de sus padres y espera una esposa complaciente que se haga cargo de las tareas domésticas pueden tener dificultades para ajustarse a una situación diferente; o la madre soltera puede comprobar la falta de recursos que la sociedad pone a su disposición para compaginar su desempeño laboral con la crianza de los hijos. La crítica feminista ha puesto de relieve que las mujeres han sufrido y sufren de manera especial estas contradicciones entre, por una parte, una educación patriarcal y las exigencias de una sociedad moderna y más igualitaria o por otra, el deseo personal de una equiparación efectiva de los sexos y las constricciones que en este sentido buena parte de la sociedad sigue imponiendo.

b)    desde el punto de vista de los terapeutas familiares, tener en cuenta esta realidad cambiante puede servir para replantear de forma crítica ciertas concepciones que corren el riesgo de haber que dado atrasadas, de haber sido superadas por una realidad siempre cambiante. En este sentido consideramos que puede ser potencialmente peligroso que los terapeutas familiares nos guiemos en nuestro trabajo con familias por el modelo de familia más o menos estereotipado transmitido por nuestros propios padres.
Es más, consideremos que es un error querer imponer a nuestros clientes, bien por ignorancia, bien por una opción ideológica por otra parte muy respetable, una única versión de la familia. Pensamos que es preferible mantener una actitud activa de respecto ante la pluralidad opciones familiares.
Exige también cuidar nuestro vocabulario, y evitar un lenguaje sexista o discriminatorio: hijos ilegítimos, la mujer que se dedica a sus labores, etc.

DISRUPCIONES DEL CICLO VITAL FAMILIAR. CICLO VITAL FAMILIAR Y FORMACION DE PROBLEMAS

Haley es probablemente quien mejor resume la postura clásica en cuanto a la relación entre problemas clínicos y ciclo vital: el síntoma es una señal de que la familia enfrenta dificultades para superar una etapa del ciclo vital (Haley, 1980, p. 33). Así, la angustia de la madre tras el nacimiento del primer hijo es síntoma de la dificultad de dejar atrás la etapa de pareja sin hijos, o la conducta perturbada (delincuente, extravagante, incluso psicótica) de un joven corresponde a los problemas que el sistema encuentra para detestar a los hijos.

Pittman (1990) apunta en la misma dirección al señalar que las crisis de desarrollo exigen que la familia modifique su estructura para adaptarse a ellas. En su opinión, los problemas surgen tanto cuando parte de la familia o toda la familia trata de evitar la crisis en vez de adaptarse a ella como cuando parte de la familia trata de apresurar la crisis. En cualquier caso, esta respuesta inadecuada ante la tensión evolutiva se debe a que existe alguna inflexibilidad estructural previa.
Barnhill y Longo (1978) van más allá en su planteamiento. Desde su punto de vista, los problemas clínicos no se asocian únicamente a una detención del ciclo evolutivo familiar, sino a una autentica regresión a etapas anteriores.

Por ejemplo, el distanciamiento del padre tras el nacimiento de su primer hijo puede indicar la regresión a la etapa previa al compromiso marital, en la que esa familia se ha quedado fijada por una inadecuada formalización del proceso de compromiso. O, en el momento de transición hacia el nido vacío a floran los conflictos que la pareja no resolvió en su momento, pero que quedaron en cubiertos por el nacimiento de los hijos. Puestos que los conflictos de las diversas etapas nunca se resuelven al 100%, existirán en toda familia fijaciones parciales.

A nuestro modo de ver, cualquiera de estos autores, adopta lo que en otro lugar (Beyebach, 1986) hemos denominado una posición etiologicista, según el cual el atasco evolutivo o la regresión se explican en base a alguna deficiencia previa de la familia, entendida generalmente en términos estructurales.  A nuestro juicio, este modelo etiológico vacía de contenido el ciclo evolutivo familiar, ya que plantea que lo verdaderamente importante no es el ciclo de desarrollo de la familia propiamente dicho, sino la disfunción previa y yuxtapuesta. Dicho de otro modo, la crisis evolutiva, el proceso de transición, no es importante en sí mismo, sino porque pone de manifiesto la limitación preexistente de la familia.

La formulación que se hace desde la terapia sistémica breve (Fisch, Weakland y Segal, 1984; de Shazer 1991) es bien distinta. Se considera que los momentos de transición en el ciclo vital puede resultar estresante para cualquier familia o individuo, y que en ese sentido constituyen uno de los posibles comienzos para una secuencia de ampliación de la desviación que puede terminar configurando lo que se entiende como problema.
El que los intentos de solución sean o no eficaces no depende de la funcionalidad p disfuncionalidad de la familia o de la persona al que ni siquiera se cuestiona sino, básicamente, de la buena o mala suerte.

Otra forma de construir las diversas posturas que sobre la relación entre ciclo vital familiar y formación y mantenimiento de problemas adoptan de forma más o menos explícita los terapeutas familiares seria distinguiendo tres tipos de planteamiento:
1.    la posición “dura”, caracterizada por varios postulados más o menos implícitos. A) se asume que la incapacidad o falta de voluntad de la familia para avanzar en el ciclo vital causa patología. La relación se entiende, eso, si, como circular: el atasco evolutivo genera y mantiene problema, pero a su vez el problema mantiene el atasco evolutivo. B) se considera que todo problema clínico en terapia familiar presenta este componente de atasco evolutivo. Finalmente, C) se piensa que las dificultades para avanzar en el ciclo de desarrollo se deben a una disfunción estructural previa de la familia.

2.    La posición “intermedia”, según la cual a) los momentos de transición de una etapa a otra pueden eventualmente constituir verdaderas crisis evolutivas, eventos estresantes que, sumados a otros factores de tensión, precipitan algún tipo de problemática relacional o individual.

De todos modos, se considera que b) los problemas clínicos pueden tener otro tipo de origen. Además, c) la disrupción que la transición pueda causar estaría desde esta óptica medida por otras variables individuales y relacionales, además de conflictos previo.

3.    La posición “suave” según la que el ciclo vital familiar constituye uno de los contextos dentro de los cuales se desenvuelven los sistemas humanos y, por tanto, un contexto dentro del cual se generan y mantienen entre otras cosas los problemas. Es decir, el ciclo vital familiar no causa ni precipita los problemas, pero interactúa con ellos.

CRITICA A LA NOCION Y UTILIDAD DEL CONCEPTO DE CICLO VITAL FAMILIAR

Entrando en el terreno de las críticas, empezaremos señalando que, como marco conceptual, ciclo vital es, por una parte, excesivamente amplio, y también demasiado impreciso. Queremos indicar con ello que es un constructo que corre el riesgo de quedar vacío de significado, en la medida en la que todo se puede relacionar con él. Este problema que tiene que ver más con la utilización que se hace de esta dimensión que con la dimensión en sí que da especialmente de manifiesto en el terreno clínico.

Es una hipótesis que se demuestra a si mima: cualquier problema dado coincide con alguna transición del ciclo vital, o con alguna fase que para esa familia se puede construir como problemática.

La imprecisión tiene que ver con la diversidad de clasificaciones e, incluso, con la dificultad para delimitar con exactitud ciertas etapas y ciertos procesos de transición, lo cual hace algo más complicada la investigación en este campo, así como la comunicación entre investigadores.

Paradojamente, también puede acusarse al ciclo vital familiar, en cuanto marco de referencia, de ser todo lo contrario: demasiado limitado, excesivamente estrecho. Y ello en dos sentidos:

Por una parte, el establecer para la familia “normal” determinadas fases de desarrollo y transacciones entre ellas parece haber excluido la experiencia de muchas familias, obligando a nuevas formulaciones, a añadir nuevas etapas, a plantear ciclos vitales familiares alternativos. Como apunta Jacob (1987) un modelo que requiere tantas adaptaciones y nuevas versiones (para familias monoparentales, para divorciados, etc.) pierde utilidad.

Por otra, cualquier modelo de ciclo vital familiar que se tome como referencia en el trabajo clínico bien sea para evaluar la normalidad de una familia, Fishman 1990, corre el riesgo de convertirse en un corsé intelectual, en un lecho de procusto desde el que maltratar a las familias.

UTILIDAD TERAPÉUTICA DEL CICLO VITAL

En este apartado pasaremos revista a las diversas implicaciones terapéuticas que tiene la adopción del ciclo vital familiar como marco de referencia para una terapeuta familiar sistémica.



CAMBIO EN PSICOTERAPIA Y CICLO VITAL FAMILIAR

Ya hemos comentado más arriba que las transiciones naturales del ciclo vital familiar constituyen un modelo de trasformación (Hoffman, 1989), incluso de cambio II en el sentido de grupo de palo alto (Watzlawick, Wekland y Fisch, 1982). En este sentido, constituyen un buen recordatorio para los terapeutas de que las familias no solo pueden cambiar, sino que están de hecho cambiando contantemente, con y sin terapia.

Más allá de este valor como modelo, las transacciones del ciclo vital constituyen para muchos autores (Friedman, 1989) momentos privilegiados de cambio. En palabras de Friedman, los procesos de transición evolutiva flexibilizan la estructura de la familia, abriendo posibilidades que en otros momentos no se ofrecen. Hay que tener en cuenta que desde esta óptica los ritos de paso no son procesos individuales, sino procesos que involucran y movilizan a toda la familia.

En esta misma línea, cabe pensar que los momentos de transición evolutiva pueden funcionar como auténticas lentes de aumento que amplíen los cambios que se produzcan en la terapia. Todos los terapeutas tenemos la experiencia de que a menudo la propia evolución de la familia juega a favor del proceso de cambio: las relaciones con el niño, que ya había empezado a mejorar, cambian aún más cuando este empieza a ir a la escuela, o el nacimiento de un hijo termina de asentar los cambios que la pareja ido introduciendo.


EVALUACON EN TERAPIA FAMILIAR Y CICLO VITAL FAMILIAR

Los modelos de terapia familiar que asumen la necesidad de realizar una evaluación comprensiva de la familia encuentra en el ciclo vital un punto de referencia útil.
En primer lugar, la terapeuta puede preguntarse en qué fase de su desarrollo está la familia, para identificar a continuación las tareas evolutivas que esa fase plantea y calibrar hasta qué punto la familia está cumpliéndolas adecuadamente.

Por otra parte, que cada fase del ciclo vital aparece unida a ciertos riesgos y aciertas oportunidades el situar priori, de una forma aproximada, cuáles pueden ser las debilidades y los recursos de la familia en ese momento.

Además, se puede valorizar si el rito de paso ha sido adecuadamente completado, y si se ha utilizado o no algún ritual (Imber-Black, 1989) que haya funcionado como catalizador.
Desde el punto de vista predictivo, es posible valorar estas mismas dimensiones a fin de estimar el impacto que puede tener una transición futura. Esta evaluación identificara las áreas de riesgos y las habilidades que deben ser potenciadas (Worthington, 1978).

LA INTERVENCIÓN EN TERAPIA FAMILIAR Y EL CICLO DE LA FAMILIA

En función del cual haya sido la evaluación de la problemática evolutiva de la familia, la intervención terapéutica ira encaminada a satisfacer las demandas que plante la nueva fase, por ejemplo, trabajando sobre las habilidades de comunicación de la pareja recién casada, a apoyar a la familia en aquellas áreas de funcionamiento que constituyen potenciales puntos débiles, o a promover la transición a la siguiente etapa incidiendo sobre las dificultades que la evaluación haya revelado.

En terapia familiar disponemos de programas de enriquecimiento marital, programas de formato multifamiliar para enfermos físicos crónicos, procedimientos estandarizados para intervenir en situaciones de ruptura de pareja, para trabajar en casos de divorcio con hijos.
El buen criterio del terapeuta deberá permitirle utilizar este tipo de informaciones para apoyar a sus clientes, y no para imponer les ninguna verdad científica. En este sentido, nosotros utilizamos este tipo de intervenciones, no con intención de informar lo que presupone que trasmitimos datos objetivos, si no como un modo de redefinir y de negociar significados.

La utilidad del ciclo evolutivo familiar en este tipo de intervenciones tanto psicoeducativas como más o menos estratégicas deriva a nuestro juicio del hecho de que la noción del desarrollo familiar es algo culturalmente compartido, algo que está en la experiencia directa o vicaria de todas las personas.

CONCLUSION

Hemos dedicado este articulo a, por un lado, a revisar algunos de los planteamientos clásicos sobre el ciclo vital familiar y, por otro, interrogarnos sobre algunos de los problemas conceptuales y clínicos que este marco de referencia plantea.
Pensamos que la profundización en la investigación empírica, tanto sobre familias clínicas como sobre familias normales, seguirá produciendo datos de gran interés y repercusión. Será tarea de los terapeutas el utilizar de forma adecuada estos conocimientos en beneficio de las personas con las que trabajamos.




viernes, 9 de septiembre de 2016

La perspectiva sistémica en terapia familiar: Conceptos básicos, investigación y evolución

La perspectiva sistémica en terapia familiar: conceptos básicos, investigación y evolución.

 La concepción sistémica de la familia, centrándonos en las principales innovaciones que representó (y en cierto sentido aún representa) en el contexto psicológico/psiquiátrico clásico. El capítulo concluye con una revisión de los datos procedentes de la investigación en Terapia Familiar Sistémica (TFS) en cuanto a eficacia y proceso y una aproximación prospectiva al futuro de la TFS a la luz de las tendencias actuales.

 Conceptos de la Teoría General de Sistemas

Un sistema es un conjunto de elementos en interacción dinámica en el que el estado de cada elemento está determinado por el estado de cada uno de los demás que lo configuran. Ejemplo: Hay miles de ejemplos de sistemas en la naturaleza, desde una célula hasta una galaxia. Entre ellos, la familia es el caso que nos ocupa en este trabajo.

• Un sistema es cerrado cuando no intercambia materia, energía y/o información con su entorno.

• Un sistema es abierto cuando intercambia materia, energía y/o información con su entorno. Por lo tanto, un sistema abierto es modificado por su entorno y al mismo tiempo lo modifica

 • Totalidad o no sumatividad: "El cambio en un miembro del sistema afecta a los otros, puesto que sus acciones están interconectadas mediante pautas de interacción. Las pautas de funcionamiento del sistema no son reducibles a la suma de sus elementos.

• Circularidad: Debido a la interconexión entre las acciones de los miembros de un sistema, las pautas de causalidad no son nunca lineales (en el sentido que una "causa" A provoque un "efecto" B), sino circulares en el sentido que B refuerza retroactivamente la manifestación de A.

• Equifinalidad: Un mismo efecto puede responder a distintas causas. Es decir, los cambios observados en un sistema abierto no están determinados por las condiciones iniciales del sistema, sino por la propia naturaleza de los procesos de cambio. Esta definición no es válida para los sistemas cerrados, ya que éstos vienen determinados por las condiciones iniciales.

Conceptos de la Cibernética

• Feedback: En un sistema, las acciones de cada miembro se convierten en información para los demás, de forma que favorecen determinadas acciones en ellos.

• Homeostasis: Proceso de mantenimiento de la organización del sistema a través de feedback negativo.

• Morfogénesis: Proceso que facilita el cambio en la organización de cualquier sistema mediante feedback positivo. Ejemplo: Los miembros de una familia apoyan activamente la decisión de una hija adolescente de marchar un año al extranjero por cuestiones de estudios, cosa que fomenta una postura de mayor independencia mutua.

Conceptos Comunicacionales (Watzlawick, Beavin, y Jackson, 1967)

• Es imposible no comunicar. En un sistema, todo comportamiento de un miembro tiene un valor de mensaje para los demás. Ejemplo: El silencio tenso y la mirada perdida de dos desconocidos que coinciden en un ascensor, a pesar de su intencionalidad no comunicativa (o precisamente debido a ella) transmiten una gran cantidad de información: "no me interesas", "no estoy de humor para entablar conversación", "prefiero ignorarte".

• En toda comunicación cabe distinguir entre aspectos de contenido (nivel digital) y relacionales (nivel analógico): Mientras que el nivel digital se refiere al contenido semántico de la comunicación, el nivel analógico cualifica a cómo se ha de entender el mensaje, es decir, designa qué tipo de relación se da entre el emisor y el receptor.

• La definición de una interacción está condicionada por la puntuación de las secuencias de comunicación entre los participantes. Los sistemas abiertos se caracterizan por patrones de circularidad, sin un principio ni un final claro. Así, la definición de cualquier interacción depende de la manera en que los participantes en la comunicación dividan la secuencia circular y establezcan relaciones de causa-efecto.

• Toda relación es simétrica o complementaria, según se base en la igualdad o en la diferencia respectivamente. Cuando la interacción simétrica se cronifica hablamos de escalada simétrica; cuando se cronifica la interacción complementaria se habla de complementariedad rígida. Desde este punto de vista lo disfuncional no es un tipo u otro de relación, sino la manifestación exclusiva de uno de ellos.

Si esta complementariedad se rigidifica puede dar lugar a una relación disfuncional en la que uno de sus miembros debe siempre actuar de forma racional (y por tanto no se puede permitir expresar sus emociones) y el otro debe siempre actuar de forma emocional (y por lo tanto no se puede permitir reflexionar sobre sus acciones).

Conceptos Evolutivos (Haley, 1981)

• La familia como sistema atraviesa una serie de fases más o menos normativas y propias de su ciclo vital (noviazgo y matrimonio; procreación; adolescencia, maduración y emancipación de los hijos; nido vacío).

• La importancia de las nociones evolutivas en TFS no radica sólo en cada fase en sí misma, sino en las crisis a que puede dar lugar el paso de una a otra. En este sentido, el proceso óptimo de superación de tales crisis consiste en modificar la estructura del sistema familiar manteniendo su organización. 

Conceptos estructurales


 • Un sistema se compone de subsistemas entre los que existen límites que tienen como objetivo proteger la diferenciación del sistema y facilitar la integración de sus miembros en él. Ejemplo: En un sistema familiar se dan los siguientes subsistemas; (A) Conyugal: entre los miembros de la pareja funciona la complementariedad y acomodación mutua: negocian, organizan las bases de la convivencia y mantienen una actitud de reciprocidad interna y en relación con otros sistemas. (B) Parental: tras el nacimiento de los hijos, el subsistema conyugal ha de desarrollar habilidades de socialización, nutritivas y educacionales. Se ha de asumir una nueva función, la parental, sin renunciar a las que se caracterizan al subsistema conyugal. (C)Filial: la relación con los padres y entre los hermanos ayuda al aprendizaje de la negociación, cooperación, competición y relación con figuras de autoridad y entre iguales. 

• Los límites entre subsistemas varían en cuanto a su grado de permeabilidad, pudiendo ser difusos, rígidos o claros. Límites difusos son aquellos que resultan difíciles de determinar; límites rígidos son aquellos que resultan difíciles de alterar en un momento dado; límites claros son aquellos que resultan definibles y a la vez modificables. Se considera que los límites claros comportan una adaptación ideal.

Los límites pueden separar subsistemas del sistema familiar o a la totalidad del sistema del exterior. En este último caso, los límites exteriores se denominan fronteras. Las fronteras del sistema familiar vienen determinadas por la diferencia en la conducta interaccional que los miembros de la familia manifiestan en presencia de personas que no forman parte de la familia.

• El concepto de tríada rígida se refiere a las configuraciones relacionales paterno-filiales en las que el hijo se usa rígidamente para desviar o evitar los conflictos parentales. Según Minuchin (1974), se pueden dar tres configuraciones de tríada rígida. (A) Triangulación: cada uno de los cónyuges trata de obtener el respaldo del hijo en su conflicto con el otro. (B) Coalición: Uno de los progenitores respalda al hijo en un conflicto planteado entre éste y el otro progenitor; esta situación tiene el efecto de crear un vínculo entre el progenitor defensor y el hijo para ir en contra del otro cónyuge. (C) La desviación de conflictos, que se produce cuando se define a un hijo como "malo" y los padres, a pesar de sus diferencias mutuas en otros aspectos, se unen en su esfuerzo para controlarlo o cuando se le define como "enfermo" y se unen para cuidarlo y protegerlo.

La Familia desde la Óptica Sistémica:

 Teniendo en cuenta todo lo antedicho, la familia se puede concebir como un sistema abierto organizacionalmente, separado del exterior por sus fronteras y estructuralmente compuesto por subsistemas demarcados por límites con diferentes grados de permeabilidad y con diversas formas de jerarquización interna entre ellos. Los miembros del sistema familiar organizan y regulan su interacción mediante procesos comunicativos digitales y analógicos, que definen relaciones de simetría y/o complementariedad. Dicha organización se caracteriza por las propiedades de totalidad o no sumatividad, por patrones de circularidad, y por el principio de equifinalidad.


aproximaciones a la noción de vinculos

                             APROXIMACIONES A LA NOCIÓN DE VÍNCULOS

Los objetivos de este capitulo son las diversas aceptaciones que la noción de vinculo ha tomado en los principales en foques psicológicos que  lo contemplan como objeto de estudio y analizar sus implicaciones clínicas e investigativas para el desarrollo de los objetivos del proyecto institucional. Cuyos resultados se reportan aquí.

Un paradigma es una matriz de significación; es decir, un eje o referente que organiza el sentido atribuido a los fenómenos que se abordan desde su perspectiva. En las ciencias sociales se reconocen dos grandes paradigmas, el positivismo y el ecosistemico.

El positivismo: se basa en los principios de verdad, objetividad, explicaciones causales lineales y análisis de la realidad descomponiéndola en mínimas unidades que son el objeto de estudio.

El paradigma ecosistemico: por el contrario, se basa en los principios de la epistemología constructivista, la cual supone que la objetividad es un acuerdo constituido entre subjetividades que a su vez se construyen en la interacción, mas allá de toda lógica esencialista.

El vinculo en el psicoanálisis contemporáneo

El psicoanálisis clásico no se ocupo directamente de los vínculos, el psicoanálisis contemporáneo los acoge como objeto de estudio.

No obstante, en las ultimas décadas, el grupo argentino de psicoanálisis vincular ha dado un salto cualitativo muy importante con la construcción, aun en marcha, de la teoría vincular.

Ellos proponen tres grandes modificaciones, con la pretensión de que haya un cambio paradigmático: la ampliación metapsicológica a tres espacios psíquicos, la definición del vínculo como dos yoes conectados por representaciones y la noción de sujeto vincular. La noción de tres espacios psíquicos postula un sistema de registro de un mismo suceso o fenómeno, como un objeto interno, un vínculo y un lugar.

Así, viviríamos simultáneamente en calidad de habitantes de tres mundos: intrasubjetivo, intersubjetivo y transubjetivo, cada uno de los cuales operaria con leyes de funcionamiento y características propias.

El mundo intrasubjetivo

 El eje central de la teoría de la intrasubjetividad son los conceptos de objeto en particular objeto de deseo, mundo interno y relación de objeto.

La noción de objeto en la obra de Freud remite a un registro psíquico, por ejemplo, el del pecho que satisface las necesidades iniciales.

Estas teorías dan cuenta de la intrasubjetividad ubicando a quien teoriza en el interior de la mente del infante, a partir de hipótesis basadas en el concepto de pulsión endógena. Es por ello que el otro, definido como objeto asistente, tendría existencia fáctica para un observador externo pero no para estas teorías.

La intrasubjetividad seria definida por tres conceptos:

Autogeneración: las representaciones de objeto son producto de la pulsión.

Autorreferencialidad: el self se vive a si mismo como centro tanto de la actividad como de las características de los objetos internos.

Automatización: no habría mediatización por parte del yo. Al depender de la serie `placer-displacer, la activación de la intrasubjetividad seria automática.

Para la teoría psicoanalítica, aún bajo los distintos matices que propone cada escuela, el “ahora sintomático” es explicado por un “entonces mítico” en donde la realidad psíquica tiene preeminencia sobre lo material y lo contextual. Lo ocurrido quedaría deformado por efecto de la sexualidad.

El mundo vincular

La teoría vincular propone que lo determinante en un sujeto no son solo las experiencias histórico-infantiles, sino también su inclusión en vínculos significativos posteriores a la infancia, en tanto instituyentes de subjetividad.

Dentro del psicoanálisis no hay aun una definición univoca de vinculo. En algunos casos se denominaron así las relaciones primarias con los objetos primordiales (vínculos constitutivos). También se denomina vinculo a la relación entre la relación entre lugares de la estructura familiar inconsciente, EFI (vinculo entre lugar padre y el lugar hijo).

Krakov (2000), psicoanalista argentino, considera el vinculo como una construcción conjunta que surge por el intercambio  efectivo entre los miembros que lo componen y constituye un nuevo ámbito de producción de sentido.

La psiquiatría del vínculo: Enrique Pichón-Riviere

Este psiquiatra argentino planteo la necesidad de complementar la investigación psicoanalítica con la investigación social y de concebir a la persona como una totalidad integrada por tres dimensiones: la mente, el cuerpo y el mundo externo. Dio así un salto de la teoría intrapsiquica social, dentro de la cual el individuo seria resultante del interjuego establecido entre el sujeto y los objetos internos y externos, en permanente interacción dialéctica (pichón-Riviere, 2002).

Afirma este autor que si la relación de objeto es la estructura interna del vínculo, el vínculo es entonces un tipo particular de relación de objeto; es una estructura dinámica en continuo movimiento que funciona activada por factores instintivos y motivaciones psicológicas. 

Etología clásica: impronta y acostumbramiento

Impronta y acostumbramiento son dos nociones básicas para explicar la vinculación temprana  en los animales y en el hombre, desarrolladas por los etólogos clásicos.

La palabra etología, designa el estudio del comportamiento de los seres vivos en su medio. Es un método de observación de las relaciones humanas, el cual fue reconocido como disciplina.

Dentro de la etología clásica, las nociones asociadas al vínculo son la impronta y el acostumbramiento. La impronta es la adquisición de las características del objeto  hacia el cual se dirigen ciertos actos instintivos en el curso del desarrollo de un vertebrado superior.

Siguiendo a Lorenz, la impronta como mecanismo vincular instintivo se caracteriza por una serie de factores:

·         El patrón del objeto que desencadena el acto instintivo de vínculo se adquiere en un periodo crítico, corto y preciso.

·         Una vez adquirido en ese periodo sensible, es imposible olvidarlo.

·         Puede existir una impronta para diferentes tipos de comportamientos, en momentos diferentes del desarrollo: filial, sexual, de acompañamiento.

·         El objeto de la impronta determina una condición supra individual de rasgos de la especie a la cual pertenece este objeto.

El acostumbramiento es la adquisición individual, ontogenética, complementaria de impronta (filogenética), que permite el reconocimiento reciproco y selectivo de los padres por los hijos. Una vez obtenida, esta adquisición no es modificable por en sayo y error.

Teoría del apego: jhon Bowlby

Bowlby se en foca en la perdida de la figura materna en los primeros años de vida como experiencia traumática e intenta inferir sus consecuencias psicológicas futuras. Como un modelo medico subyacente, definió la perdida de la madre como el agente cuyo efecto patógeno deseaba estudiar.
Este sistema comportamental de apego se refiere aun actividad instintiva de vinculación que el niño despliega desde el nacimiento hacia las personas que encuentran en su ambiente. Se estructura  y se diferencia en el curso de la existencia, siendo el objeto de perturbaciones normales o patológicas que modifican su expresión (apego ansioso, reacciones de duelo estados depresivos).

Las funciones del comportamiento de apego son múltiples: protección de los peligros físicos, de amenazas, de extraños; maduración de los comportamientos de amor y amistad; estabilización de las relaciones por la construcción de sistemas de representación de dichas relaciones, gracias a las cuales se desarrolla el sentimiento de seguridad y de evaluación de los riesgos.

Más específicamente, son características del sistema comportamental de apego las siguientes:

·         El apego opera como un sistema homeostático; por tanto, se activa para mantener la proximidad con la figura de apego escogida.

·         La conducta de apego tiene una función de supervivencia, ya que pone al individuo en contacto con otros que lo protegen contra los riesgos y las amenazas a la vida.

·     La relación de apego es complementaria, pues el protector y el protegido participan en forma reciproca.
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Murray Bowen: diferenciación del self

Bowen considera que la diferenciación del self es una de las funciones fundamentales adquiridas por el individuo en la pertenencia familiar. El estudio de este proceso supone que la familia es un sistema en continua trasformación, un organismo complejo que se modifica atraves del tiempo a fin de garantizar la continuidad y el crecimiento psicosocial de sus miembros; es decir, que permite simultáneamente el desarrollo de la familia como sistema y la diferenciación de los individuos que la componen.

Cada persona debe ser progresivamente menos necesaria para el funcionamiento de su familia de origen para poderse se parar y crear a su vez un nuevo sistema familiar. Debe pasar, por tanto, de una etapa de fusión-diferenciación a una de diferenciacion-separacion dentro del complejo de interacciones de la familia como sistema de referencia.

Boszormenyi-Nagy: lealtad familiar

Este autor define la lealtad como un determinante motivacional cuyas raíces relacionales alimentan una fabrica invisible de expectativas del grupo y no en una ley manifiesta. Las fibras intangibles de la lealtad están hechas de consanguinidad, como salvaguardia del linaje biológico familiar y de los méritos que ganan entre si los miembros de la familia. La lealtad marca la pertenencia al grupo y aparece como una característica del grupo y una actitud individual.

En las familias, como en los demás grupos, la lealtad más fundamental tiene como objetivo la supervivencia del grupo y su fuerza, casi siempre enmascarada, se revela sobre todo en las situaciones amenazantes.

Boszormenyi-Nagy introduce el concepto de conflicto de lealtades o lealtades fisuradas como con secuencias de demandas contradictorias de los padres al hijo. Frente a tales demandas, para ser leal a uno de los padres, el niño tiene que ser desleal al otro. No todo conflicto conyugal implica un conflicto de lealtades; esto surge por la exigencia de que el niño tome una posición, cuando por naturaleza su relación es incondicional con cada padre. Este conflicto puede favorecer la eclosión de un comportamiento sintomático.

Salvador Minuchin: estructura familiar, límites y diferenciación

Minuchin afirmaba que la estructura familiar es el conjunto invisible de demandas funcionales que organizan los modos en que interactúan los miembros de una familia. Una familia es un sistema que opera a través de pautas transaccionales, que establecen como, cuando y con quien relacionarse. Como sistema, la familia se diferencia y desempeña sus funciones de orientación, protección y control atraves de subsistemas, conformados por generación, género, interés o función.

Los limites de subsistemas son las reglas que determinan quien y como participa en una interacción, con forme alos respectivos roles.


David H. Olson: modelo circumplejo, cohesión adaptabilidad familiar

El modelo plantea la hipótesis de que los niveles moderados, tanto de cohesión como de adaptabilidad, son facilitadores del funcionamiento familiar; en tanto que los extremos se asocian con la presencia de dificultades.  Muchas de las familias que acuden a terapia caen en estos extremos; si son amalgamadas, se caracterizan por sobre identificación de los miembros con la familia y exigencias de lealtad y consenso que frenan la individuación, si son deslingadas, se favorece un excesivo grado de autonomía, de modo que cada persona hace lo suyo, con escaso apego o compromiso a la familia.

No obstante, el grado de cohesión varía de acuerdo con la etapa de ciclo vital con el tipo y severidad de los estresores presentes en un momento dado y con la cosmovisión y los valores propios de la familia y de su entorno.

John Byng-Hall: teoría del apego y terapia familiar

Con respecto al apego en adultos se han hecho dos tipos de investigación: el apego a los hijos y su aporte a la comprensión de las relaciones padres-hijos, y el apego romántico que favorece la comprensión de las relaciones intimas entre adultos.

Desde una perspectiva sistémica, Byng-Hall (1999, p.627) ha desarrollado el concepto de base familiar de seguridad, definiéndola como una familia que provee una red disponible y confiable de relaciones de apego y de cuidadores apropiados, de modo que asi los miembros de la familia se sienten seguros para explorar su potencial.

Byng-Hall sugiere a su vez, los factores que amenazan la base familiar de seguridad son la perdida real de una figura de apego o el miedo a perderla.

Byng-Hall considera que la terapia debe cumplir la función de generar una base de seguridad aprovechando la disponibilidad del terapeuta y su rol como figura de apego, gracias al cual puede propiciar un contexto de confianza y de protección como base de cambio.

Apego, jerarquía familiar y regulación del afecto

Sloman y cols. (2002) afirma que la cohesión y la estabilidad familiar se mantienen gracias a dos sistemas de conducta como importantes ingredientes bilógicos: uno que contribuye al mantenimiento de la proximidad entre los miembros, específicamente a las figuras de apego, y el otro a la formación de la jerarquía familiar.

Thompson, flood y lundquist (1995) definen la regulación del afecto como el proceso intrínseco y extrínseco responsable de monitorear, evaluar y modificar las reacciones emocionales, especialmente su intensidad y sus rasgos temporales para alcanzar sus propias metas. Hay varios elementos claves para destacar en dicha definición:

·         La regulación del afecto implica afrontar altos niveles de emociones negativas (angustia, rabia, miedo) así como mantener e intensificar ciertos estados emocionales.

·         La evaluación del propio estado emocional y habilidad para modular ese estado son centrales en la regulación del afecto y en el logro de los objetivos en una situación.

·         La regulación del afecto modifica la intensidad y el tiempo de la emoción experimentada más que el carácter de dicha emoción.

Eco-Eto-Antropología de los vínculos

La eco-eto-antropología surge en la articulación de disciplina que conciben al hombre como resultado de la evolución biológica cultural, pues si bien el ser humano está en parte determinado por procesos evolutivos, también en parte el los determina, en su papel simultaneo de observador, actor, y gestor.

Eco se refiere a oikos, ambiente, cosmos y hábitat, y ethos, comportamientos biológicos con finalidad desplegada como procedimientos complejos de auto nominación en oikos específicos, en donde se conjugan para la supervivencia procesos individuales y colectivos.
La antropología del oikos y del ethos hace surgir, las ideas, el pensamiento, la representación, la emoción, la reflexión y la mente como fuentes de sentido, de modo que la postura eco-eto-antropología reposa sobre la conjugación de esos regímenes heterogéneos y biológicos, evolutivos, psicológicos, sociales, históricos, políticos, etc. Como dimensiones irreductibles, cada una con sus propias pautas de operación. Por esto, abordar los procesos de vinculación humana desde esta perspectiva.


Eco-eto.antropologia de los vínculos pretende comprender como el hombre es producto y productor de su ecosistema, en complejos procesos interacciónales que integran el ethos (cognición y comunicación). El oikos (la ecología) y sus variadas formas de organización familiar y social (socio-antropología).

socialización primaria

LA SOCIEDAD COMO REALIDAD SUBJETIVA

     INTERNALIZACIÓN  DE LA REALIDAD

  SOCIALIZACIÓN PRIMARIA

Ya que la sociedad existe como realidad tanto objetiva como subjetiva, cualquier comprensión teórica adecuada de ella debe abarcar ambos aspectos. Como ya sostuvimos anterior mente, estos aspectos reciben su justo reconocimiento si la sociedad se entiende en términos de un continuo proceso dialectico compuesto de tres momentos: objetivación e internalización.

Si bien los tres caracterizan simultáneamente a la sociedad o a cada sector de ella, de manera que cualquier análisis se ocupe solo de uno o dos de ellos no llena su finalidad. Lo mismo puede afirmarse del miembro individual de sociedad, que externaliza simultáneamente su propio ser el mundo social y como realidad objetiva. En otras palabras, estar en la sociedad es participar en la dialéctica.

Sin embargo, el individuo no nace miembro de una sociedad: nace con una predisposición hacia la socialiadad, y luego llega a ser miembro de una sociedad. En la vida de todo individuo, por lo tanto, existe verdaderamente una secuencia temporal, en cuyo curso el individuo es inducido a participar en la dialéctica de la sociedad. El punto de partida de este proceso es lo constituye la internalización: la aprehensión o interpretación inmediata de un acontecimiento objetivo en cuanto expresa significado, o sea, en cuanto es una manifestación de los procesos subjetivos de otro que, en consecuencia, se vuelve subjetivamente significativos para mí. Por ejemplo, puede estar riéndose en un ataque de histeria, mientras yo creo que esa risa expresa regocijo. Sin embargo, su subjetividad me resulta objetivamente accesible y llega a serme significativa, haya o no congruencia entre sus procesos subjetivos y los míos.

Sin embargo, la internalización en el sentido general que aquí le damos subyace tanto a la significación como a sus propias formas complejas. Más exactamente, la internalización, en este sentido general, constituye la base, primero, para la comprensión de los propios semejantes y, segundo, para aprehensión del mundo en cuanto realidad significativa y social.

Esta aprehensión no resulta de las creaciones autónomas de significado por individuo aislados, sino que comienza cuando el individuo “asume” el mundo en el que ya viven otros. Por cierto, que el “asumir” es un proceso original para todo organismo humano, y el mundo, una vez “asumido”, puede ser creativamente modificado o (menos probablemente) hasta recreado. Sea como fuere, en la forma compleja de la internalización, yo no solo “comprendo” los procesos subjetivos momentáneos del otro: “comprendo” el mundo en el que vive, y ese mundo se vuelve mío. Ahora no solo comprendemos nuestras mutuas definiciones de las situaciones compartidas: también las definiciones recíprocamente. Se establece entre nosotros un nexo de motivaciones que se extiende hasta el futuro; y, lo que es de suma importancia, existe ahora una continua identificación mutua entre nosotros. No solo vivimos en el mismo mundo, sino que participamos cada uno en el ser del otro.

Solamente cuando el individuo ha llegado a este grado de internalización puede considerárselo miembro de la sociedad. El proceso ontogenético por el cual esto se realiza se denomina socialización, y, por lo tanto, puede definirse como la inducción amplia y coherente de un individuo en el mundo objetivo de la sociedad o en un sector de él. La socialización primaria es la primera por la que el individuo atraviesa en la niñez; por medio de ella se convierte en miembro de la sociedad. la socialización secundaria es cualquier proceso posterior que induce al individuo ya socializado a nuevos sectores del mundo objetivo de su sociedad.


Se advierte que a primera vista que la socialización primaria suele ser la más importante para el individuo, y que la estructura básica de toda socialización secundaria debe semejarse a la de la primaria. Todo individuo nace dentro de una estructura social objetiva en la cual encuentra a los otros significantes que están en cargados de su socialización y que le son impuestos. Los otros significantes, seleccionan aspectos del mundo según la situación que ocupan dentro de la estructura social y también en virtud de sus idiosincrasias individuales, biográficamente arraigadas. El mundo social aparece “filtrado” para el individuo mediante esta doble selección. De esa manera el niño de clase baja no solo absorbe el mundo social en una perspectiva de clase baja, sino que lo absorbe con la coloración idiosincrásica que le han dado sus padres (o cualquier otro individuo encargado de su socialización primaria). El niño de clase baja no solo llegara a habitar en un mundo sumamente distinto del de un niño de clase alta, sino que talvez lo haga de una manera completamente distinta que su mismo vecino de clase baja.

Resulta innecesario agregar que la socialización primaria comporta algo más que un aprendizaje puramente cognoscitivo. Se efectúa en circunstancias de enorme carga emocional. Existe ciertamente buenos motivos para creer que, sin esa adhesión emocional a los otros significantes, el proceso de aprendizaje sería difícil, cuando no imposible. El niño se identifica con los otros significantes en una variedad de formas emocionales; pero sean estas cuales fueren, la internalización se produce solo cuando se produce la identificación. El niño acepta los “roles” y actitudes de los otros significantes, o sea que los internaliza y se apropia de ellos. Y por esta identificación con los otros significantes el niño se vuelve capaz de identificarse el mismo, de adquirir una identidad subjetivamente coherente y plausible.

Esta entraña una dialéctica entre la auto-identificación y la identificación que hacen los otros, entre la identidad objetivamente atribuida y la que es subjetivamente sumida. La dialéctica, que se presenta en todo momento en que el individuo se identifica con sus otros significantes.
Aunque los detalles de esta dialéctica tienen, por supuesto gran importancia para la psicología social, excederíamos nuestras actuales consideraciones si rastreamos sus implicaciones con respecto a la teoría socio-psicológica. Lo que más importa para nuestra argumentación presente es el hecho de que el individuo no solo acepta los “roles” y las actitudes de otros, sino que en el mismo proceso acepta el mundo de ellos. En realidad, la identidad se define objetivamente como ubicación en un mundo de terminado y puede asumírsele subjetivamente solo con ese mundo.

El niño aprende que él es lo que lo llaman. Cada nombre implica una nomenclatura, que a su vez una ubicación social determinada. Recibir una identidad comporta adjudicarnos un lugar específico en el mundo. Así como esta identidad es subjetivamente asumida por el niño (yo soy John Smith), también lo es en el mundo al que apunta esta identidad.

La socialización primaria crea en la conciencia del niño una abstracción progresiva que va de los “roles” y actitudes de otros específicos, a los “roles” y actitudes en general. Por ejemplo, en la internalización de normas existe una progresión que va desde “mama está enojada conmigo ahora” hasta “mama se enoja cada vez que derramo la sopa”. A medida que otros significantes adicionales (padre, abuela, hermana mayor, etc.) apoyan la actitud negativa de la madre con respecto a derramar la sopa, la generalidad de la norma se extiende subjetivamente.

Su formación dentro de la conciencia significa que ahora se identifica no solo con otros concretos, sino con una generalidad de otros, o sea, con una sociedad. Solamente en virtud de esta identificación generalizada logra estabilidad y continuidad su propia auto-identificación. Ahora no solo tiene una identidad vis-a-vis de este o aquel otro significante, sino también una identidad en general, que se aprehende subjetivamente en cuanto sigue siendo la misma, no importa que otros significantes o no se le presenten. Esta identidad con nueva coherencia incorpora dentro de si todos los diversos “roles” y actitudes internalizados, incluyendo, entre muchas otras cosas, la auto-identificación como no derramador de sopa.

La formación, dentro de la conciencia, del otro generalizado señala una fase decisiva en la socialización. Implica la internalización de la sociedad en cuanto tal y de la realidad objetiva en ella establecida, y al mismo tiempo, el establecimiento subjetivo de una identidad coherente y continua.
Esta cristalización se corresponde con la internalización del lenguaje. Por razones evidentes, según nuestro análisis previo del lenguaje, este constituye, por cierto, el contenido más importante y el instrumento más importante de la socialización.

Cuando el otro generalizado se ha cristalizado en la conciencia, se establece una relación simétrica entre la realidad objetiva y la subjetiva. Lo que es real por fuera se corresponde con lo que es real por dentro.  El lenguaje es, por supuesto, el vehículo principal de este proceso continuo de traducción en ambas direcciones. Hay que hacer notar, sin embargo, que las simetrías entre la realidad objetiva y la subjetiva no pueden ser total. Las dos realidades se corresponden mutuamente pero no son extensivas. Siempre hay más realidad objetiva disponible que la que se actualiza realmente en cualquier conciencia individual, sencillamente porque el contenido de la socialización está determinado por la distribución social del conocimiento.

El individuo se aprehende a sí mismo como estando fuera y dentro de la sociedad. Esto implica que la simetría que existe entre la realidad objetiva y la subjetiva nunca constituye un estado de cosas estático y definitivo: siempre tiene que producirse y reproducirse in actu.  En otras palabras, la relación entre el individuo y el mundo social objetivo es como un acto de equilibrio continuo.
En la socialización primaria no existe ningún problema de identificación, ninguna elección de otros significantes. La sociedad presenta al candidato a la socialización ante un grupo predefinido de otros significantes a los que debe aceptar en cuanto tales, sin posibilidades de optar por otro arreglo. Hic Rhodus, hic salta. Hay que aceptar a los padres que el destino nos ha deparado.  Por esta razón, el mundo internalizado en la socialización primaria se implanta en la conciencia con mucha más firmeza que los mundos internalizados en socializaciones secundarias. Por mucho que el sentido de inevitabilidad original pueda debilitarse en desencantos posteriores, el recuerdo de una certeza ya nunca repetida la certeza de los primeros albores de la realidad sigue adherido al mundo primero de la niñez. De esta manera, la socialización primaria logra que (retrospectivamente, por supuesto) puede considerarse como el más importante truco para inspirar con fianza que la sociedad le juega a individuo con el fin de dar apariencias de necesidad a lo que, de hecho, es un hato de contingencias y así volver al significativo el accidente de su nacimiento.

Los contenidos específicos que se internalizan en la socialización primaria varían, claro está, de una sociedad a otra. Es por, sobre todo, que el lenguaje lo que debe internalizarse. Con el lenguaje, y por su intermedio, diversos esquemas motivacionales e interpretativos se internalizan como definidos institucionalmente; por ejemplo, el querer actuar como muchachito valiente y el suponer que los muchachitos se dividen naturalmente en valientes y cobardes. Estos programas, tanto el inmediatamente aplicable como el anticipatorio, establecen la diferencia entre la identidad propia y la de otros: niñas, esclavos, o niños de otro clan. Por último, existe internalización de, por lo menos, los rudimentos del aparato legitimador: el niño aprende por que los programas son lo que son. Hay que ser valiente, porque hay que hacerse un hombre de verdad; hay que realizar los rituales, porque de otro modo los dioses se encolerizan; hay que ser leal al jefe, porque solo así los dioses nos ayudaran en momentos de peligro etc.

En la socialización primaria, pues, se construye el primer mundo del individuo. El mundo de la infancia, con su luminosa realidad, conduce, por tanto, a la confianza, no solo en las personas de los otros significantes, sino también en las definiciones de la situación. El mundo de la infancia es masivo e indudable mente real.

De cualquier forma, el mundo de la niñez está constituido como para inculcar en el individuo una estructura no mica que le infunda con fianza en que todo está muy bien, repitiendo la frase que posible mente las madres repiten con más frecuencia a sus hijos llorosos. El descubrimiento posterior de que algunas cosas distan de estar “muy bien” puede resultar más o menos chocante según las circunstancias biográficas, pero en cualquiera de los casos es probable que el mundo de la niñez retenga su realidad peculiar en la retrospección, y siga siendo “el mundo del hogar” por mucho que podamos alejarnos de el en épocas posteriores, hacia regiones que no tengan nada de familiar para nosotros.

La socialización primaria comporta secuencia de aprendizaje socialmente de finidas. A la edad A el niño debe aprender X, y a la edad B debe aprender y, y así sucesivamente. Así pues, en cualquier sociedad todo programa debe reconocer que no es posible pretender que el niño de un año aprenda lo que un niño de tres. Asimismo, la mayoría programas tienen probablemente que definir las cuestiones en forma diferente, según se trate de niños o niñas. Ese reconocimiento mínimo, por supuesto a la sociedad los hechos biológicos. No obstante, existe más allá de esto una gran variabilidad histórico-social en la definición de las etapas del aprendizaje. Lo que todavía se define como niñez en una sociedad puede muy bien definirse como edad adulta en otra, y las implicaciones sociales de la niñez pueden variar mucho de una sociedad a otra.


El carácter de la socialización primaria también resulta afectado por las exigencias del acopio de conocimiento que debe trasmitirse. En ciertas legitimaciones pueden requerir un grado más alto de complejidad lingüística que otras para ser comprendidas. Por ejemplo, que un niño necesitaría menos palabras para comprender que no debe masturbarse, porque eso causa enojo a su ángel guardián, que para comprender el argumento de que la masturbación interferiría su ajuste sexual posterior.
La socialización primaria finaliza cuando el concepto del otro generalizado (y todo lo que esto comporta) se ha establecido en la conciencia del individuo. A esta ya es miembro efectivo de la sociedad y está en posesión subjetiva de un yo y un mundo. Pero esta internalización de la sociedad, la identidad y la realidad no se resuelven, así como así. La socialización nunca es total, y nunca termina.